Por María Celeste Vargas Martínez

La
música es creación del francés Bruno Coulais (Los Coristas, Coraline y la
puerta secreta y The Secret of Kells)
y por lo tanto es calidad garantizada. Las melodías envolventes de Coulais
acompañan las acciones narradas en la película, despertando los sentidos del
espectador y fusionándolo con las escenas. De la melancolía pasamos a la
euforia, la empatía e incluso la comicidad.
Aunado a ello, la animación de escenarios planos, sin dimensión,
personajes de rasgos redondeados y la viveza
en el uso del color.
Es interesante cómo en Europa, Asía y África las
producciones animadas siguen recurriendo a la tradición oral de los pueblos, logrando excelentes resultados
de alcances internacionales. Son muchos
los estudios que aún apelan a rescatar sus raíces culturales para mantenerlas vivas. Esto demuestra que la tradición oral, a pesar
de lo que muchos crean, no está peleada con el lenguaje audiovisual moderno. Cintas como la mencionada, logran llegar a
otros países y competir por premios
importantes a nivel internacional. Los estudios están creando un mercado y proyección mundial con sus películas, sin dejar de lado
la riqueza cultural de sus pueblos. Pero
en México la supuesta industria animada sigue estancada en relatos y personajes
ya probados, en temas grotescos e intrascendentes y en historias
cíclicas: ¿Será por ello que aún sigue sin ser una industria de verdad?
Pero esto lo analizaremos a fondo en otro artículo. Por el momento no dejen de
ver La canción del mar y… ¡Anímense a opinar!
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